{"id":4084,"date":"2019-09-10T12:21:45","date_gmt":"2019-09-10T11:21:45","guid":{"rendered":"http:\/\/revistaconsell.com\/?p=4084"},"modified":"2020-06-11T12:24:28","modified_gmt":"2020-06-11T11:24:28","slug":"aqui-no-hay-quien-viva","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaconsell.com\/es\/aqui-no-hay-quien-viva\/","title":{"rendered":"\u00bfAqu\u00ed no hay quien viva?"},"content":{"rendered":"\n\n\n\t<div class=\"dkpdf-button-container\" style=\" text-align:right \">\n\n\t\t<a class=\"dkpdf-button\" href=\"\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4084\/?pdf=4084\" target=\"_blank\"><span class=\"dkpdf-button-icon\"><i class=\"fa fa-file-pdf-o\"><\/i><\/span> PDF<\/a>\n\n\t<\/div>\n\n\n\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size\">La convivencia es dificil\u00edsima. Las ciudades est\u00e1n cada vez m\u00e1s habitadas y las diferencias entre las personas son cada vez mayores. Emergen nuevas necesidades y conviven personas con ritmos de vida cambiantes y cada vez m\u00e1s exigentes. Las comunidades de vecinos son un foco de conflictos recurrentes y los administradores de fincas son uno de los agentes que operan con el conflicto que mejor conocen estos problemas y que m\u00e1s expuestos est\u00e1n, en muchas ocasiones, a las tensiones que generan.<\/p>\n\n\n\n<p>De la plaza al rellano: un sinvivir. Desde la mesa de la terraza del bar donde tomo el caf\u00e9 puedo observar discretamente los movimientos de la gente en la Plaza de la Vila de mi ciudad. Bajo la se\u00f1al del Ayuntamiento que proh\u00edbe jugar a pelota veo a montones de ni\u00f1os y no tan ni\u00f1os jugar a f\u00fatbol. Los jugadores esquivan paseantes de todo tipo. Desde los motorizados en sus patinetes el\u00e9ctricos, tan de moda hoy en d\u00eda, hasta las personas mayores que se desplazan lentamente con ayuda de su bast\u00f3n. Hay tambi\u00e9n padres y madres con sus carritos de beb\u00e9s, y ni\u00f1os de diferentes edades correteando al dictado de su imaginaci\u00f3n. Hay a veces adolescentes con skates que esperan a que no pasen coches para cruzar la carretera a toda prisa. Se graban entonces con sus m\u00f3viles dando el salto perfecto sobre los bolardos con forma de cuadr\u00edcula que protegen la plaza en su cara sur. Las abarrotadas terrazas de los bares cubren el flanco este, el parque infantil con bancos para descansar el oeste y una fuente l\u00fadica ejerce de l\u00edmite norte de la plaza, con decenas de ni\u00f1os ba\u00f1\u00e1ndose ante la mirada de reprobaci\u00f3n de no pocos vecinos. Y en medio los partidos de f\u00fatbol, las bicis, los patinetes el\u00e9ctricos, los paseantes lentos y r\u00e1pidos, gente fr\u00e1gil, carritos de beb\u00e9s, gente con prisa, ni\u00f1os que se persiguen, ni\u00f1as que practican piruetas imposibles y una cierta sensaci\u00f3n de que todo est\u00e1 en un equilibrio tan precario que parece casi un milagro que no estalle el conflicto. Un balonazo podr\u00eda tumbar una cerveza, desequilibrar un anciano o impactar en un mini ciclista. Las bicis podr\u00edan chocar con los patinetes, un ni\u00f1o podr\u00eda tocar con sus manos exploradoras una colilla encendida reci\u00e9n arrojada al suelo, un coche podr\u00eda desviarse al esquivar a un skater demasiado arriesgado. Todo esto y cosas peores podr\u00edan pasar. Pero no pasan. O, cuanto menos, pasan muy poco. \u00bfPor qu\u00e9?<\/p>\n\n\n\n<p>En una reuni\u00f3n con expertos en gesti\u00f3n de conflictos se formul\u00f3 la siguiente pregunta: \u00bfconvivir es f\u00e1cil o dif\u00edcil? Para mi sorpresa mucha gente dijo que era f\u00e1cil. No puedo estar m\u00e1s en desacuerdo. La convivencia siempre es dif\u00edcil porque siempre requiere un esfuerzo activo por nuestra parte: asumir que todo no puede ser, que debo poner l\u00edmites a mis anhelos y necesidades puesto que en alg\u00fan momento se encontrar\u00e1n con los anhelos y necesidades del otro. Asumir que el conflicto (entendido como la percepci\u00f3n de que los intereses de las dos partes no pueden satisfacerse a la vez) aparecer\u00e1 y que para gestionarlo tendremos que observar y contener emociones, negociar con gente que nos cae regular, pensar en pactos, pedir perdones y otros muchos trabajos casi herc\u00faleos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"has-text-color\" style=\"color:#d7522c\"><strong>Los administradores de fincas tienen un trabajo dificil\u00edsimo<\/strong><\/h4>\n\n\n\n<p>Pero quiero hablar ahora de otro espacio de convivencia. Un espacio de convivencia donde el conflicto es muy habitual y donde su gesti\u00f3n se hace particularmente dif\u00edcil: las comunidades de vecinos. En una comunidad de vecinos los l\u00edmites entre lo privado y lo com\u00fan son a veces tan difusos como unos estatutos mal redactados o tan finos como la peor de sus paredes. En su d\u00eda a d\u00eda se combinan los efectos de la ley de propiedad horizontal con el sonido de seg\u00fan qu\u00e9 intimidades que uno preferir\u00eda no escuchar. La ilusi\u00f3n de quien estrena vivienda, reforma y proyecto vital con la desaz\u00f3n de quien no puede pagar las cuotas de comunidad y vive bajo la amenaza del desahucio. Se dan, a mi entender, una serie de curiosas oposiciones entre lo com\u00fan y lo privado, entre lo legal y lo personal, entre lo burocr\u00e1tico y lo humano. Las comunidades de vecinos son, adem\u00e1s de un invento relativamente reciente desde un punto de vista civilizatorio, un espacio francamente dif\u00edcil de gestionar. Hemos empezado este art\u00edculo hablando de la convivencia y el conflicto en la plaza de una ciudad. La diferencia entre la plaza y la comunidad de vecinos es que de la plaza se puede huir. Sin embargo, cuando el conflicto se da en mi comunidad de vecinos est\u00e1 afectando a algo muy \u00edntimo, mi casa, mi refugio, mi hogar. Creo que es importante tener en cuenta este punto a la hora de entender c\u00f3mo situaciones aparentemente poco graves, llegan a escalar hasta convertirse en cruentos conflictos entre vecinos, aparentemente irresolubles.<\/p>\n\n\n\n<p>Y, \u00bfqui\u00e9n gestiona una comunidad de vecinos? En mi experiencia me he encontrado con dos tipos de presidente de comunidad, si se me permite la simplificaci\u00f3n. El obligado, que anhela acabar su presidencia lo antes posible, y el vocacional, que en ocasiones se toma su papel m\u00e1s en serio de que lo debiera. El primero trata de cumplir en el mejor de los casos y de escaquearse lo m\u00e1ximo posible en el peor. El segundo act\u00faa como un profesional sin serlo en el mejor de los casos, y en el peor nos podemos encontrar con algo parecido a lo que con tanta maestr\u00eda represent\u00f3 el personaje de Juan Cuesta en la famosa serie que da t\u00edtulo a este art\u00edculo. En todo caso y exageraciones a parte, reconozco que, como mediador de conflictos, siento cierto alivio cuando los representantes de una comunidad de vecinos me dicen que tienen contratado un administrador de fincas. Porque implica como m\u00ednimo dos cosas: por un lado, que los vecinos reconocen sus propias limitaciones, por lo que buscan un profesional que se ocupe de determinados asuntos, y por otro que nadie pretende obtener m\u00e1s protagonismo de la cuenta gracias a un cargo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote\"><p>Las comunidades de vecinos son, adem\u00e1s de un invento relativamente reciente desde un punto de vista civilizatorio, un espacio francamente dif\u00edcil de gestionar<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>Y el problema creo que radica en el propio nombre. \u00bfDe verdad administran fincas, espacios inertes y vol\u00famenes entre paredes? Una finca, un piso, una casa, cuando tiene personas dentro se convierte en un hogar y en un refugio. Unas humedades ser\u00edan un problema f\u00edsico si no viviese nadie en la finca, pero pasan a ser un problema existencial cuando afectan a la habitaci\u00f3n de tus hijos. El l\u00edmite de ruido permitido lo puede establecer una ordenanza y medir un son\u00f3metro, pero cuando siento que en mi casa escucho cosas que no quiero escuchar, cuando se pelean los vecinos del quinto, me siento invadido de una forma especialmente cruenta. Cuando un vecino inicia una reforma se mezclan su ilusi\u00f3n con el hartazgo del resto a quienes se les priva de la paz de muchas siestas, taladros mediante. Cuando afrontamos la remodelaci\u00f3n de la fachada o de las terrazas privativas de los \u00e1ticos entran en juego desde penurias econ\u00f3micas, hasta envidias, incomprensiones de la ley de propiedad horizontal o historias de afrentas pasadas entre vecinos que pueden llegar a lo intergeneracional.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando un administrador acude a una reuni\u00f3n de vecinos no se habla sobre lindes, obras o ascensores. Se habla sobre percepciones, ilusiones, rencores o miedos. No se habla sobre la finca como edificio, se habla de la finca como ecosistema en el que conviven personas distintas, con intereses, miedos, necesidades e ilusiones diferentes. La finca es el contexto f\u00edsico en el que convive un ecosistema de proyectos vitales distintos que tienen que llegar a acuerdos m\u00ednimos para poder vivir lo mejor posible. Y creo que es precisamente desde ese enfoque desde el que podemos comprender la conflictividad que en ocasiones se deriva de las reuniones de vecinos y de la vida en comunidad.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"has-text-color\" style=\"color:#d7522c\"><strong>\u00bfAdministrador de ecosistemas humanos?<\/strong><\/h4>\n\n\n\n<p>Sirva pues este art\u00edculo para invitar a pensar sobre este punto de vista. El administrador de fincas, lo quiera o no, trabaja con la subjetividad, es decir, con personas. Es un experto en elementos objetivos, en leyes y en mayor\u00edas, en gesti\u00f3n de elementos m\u00e1s prosaicos, pero este trabajo lo hace en contacto con personas, con sujetos, con individuos que padecen y se ilusionan, que se enfadan y que agradecen, para muchos de los cuales esa vivienda de la que se est\u00e1 hablando es su mayor inversi\u00f3n, adem\u00e1s de su hogar. El administrador de fincas no puede elegir no trabajar con sujetos. Participa y dirige reuniones, atiende quejas, escucha problemas y en no pocas ocasiones consuela y tranquiliza a los vecinos. He trabajado con muchos administradores de fincas y siempre he encontrado profesionalidad en su proceder. Pero es cierto que en algunos he encontrado algo m\u00e1s. Una sensibilidad diferente, una escucha m\u00e1s afinada que les ha permitido resolver m\u00e1s r\u00e1pido y de mejor manera muchos de los conflictos que se han dado en las comunidades que gestionan. Esa sensibilidad y esa escucha ten\u00edan muchos de los elementos que manejamos los mediadores en nuestro trabajo:<\/p>\n\n\n\n<p>Una gran capacidad para separar a las personas del problema: la clave es ser suaves en el trato con las personas y duros con el problema concreto que se plantea.<\/p>\n\n\n\n<p>Un buen dominio de la asertividad, es decir, de la habilidad de saber cual es mi punto de vista y poder exponerlo con firmeza de manera que sea respetuoso con los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>La capacidad de escuchar y poder discernir cu\u00e1l es la necesidad b\u00e1sica que el vecino siente amenazada y que est\u00e1 en la ra\u00edz de su actitud de queja o incluso de su actitud combativa.<\/p>\n\n\n\n<p>La habilidad de reformular los problemas de diferentes vecinos de forma operativa, incluyendo definiciones del problema en la que todos se sintiesen escuchados.<\/p>\n\n\n\n<p>La pericia para ayudar a sus clientes a moderar sus expectativas no realistas, que est\u00e1n muchas veces en la base de muchos conflictos.<\/p>\n\n\n\n<p>La pregunta ser\u00eda si estas habilidades son innatas en las personas que las ejercen o se pueden aprender. En mi opini\u00f3n son habilidades f\u00e1ciles de trabajar si cambiamos la forma de mirar los conflictos y adoptamos en nuestro trato con los dem\u00e1s un determinado tipo de escucha y entrenamos nuestra capacidad de comunicarnos. Me gusta hablar de poner l\u00edmites claros (qu\u00e9 se puede y qu\u00e9 no se puede hacer, desde el respeto al otro y a uno mismo) y mirar de forma amable (esto es, para comprender y no para juzgar).<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"has-text-color\" style=\"color:#d7522c\"><strong>Conclusi\u00f3n<\/strong><\/h4>\n\n\n\n<p>Como dec\u00edamos al principio del art\u00edculo, la convivencia es dificil\u00edsima. Las ciudades est\u00e1n cada vez m\u00e1s habitadas y las diferencias entre las personas son cada vez mayores. Emergen nuevas necesidades y conviven personas con ritmos de vida cambiantes y cada vez m\u00e1s exigentes. Las comunidades de vecinos son un foco de conflictos recurrentes y los administradores de fincas son uno de los agentes que operan con el conflicto que mejor conocen estos problemas y que m\u00e1s expuestos est\u00e1n en muchas ocasiones a las tensiones que generan. Partiendo de la base de que los problemas humanos forman y formar\u00e1n cada d\u00eda m\u00e1s parte de su trabajo cotidiano, cabe preguntarse qu\u00e9 necesidades formativas y de apoyo necesitan estos profesionales para seguir mejorando en su trabajo y seguir siendo unos eficaces agentes de convivencia en la primera l\u00ednea de batalla.&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PDF La convivencia es dificil\u00edsima. Las ciudades est\u00e1n cada vez m\u00e1s habitadas y las diferencias entre las personas son cada vez mayores. Emergen nuevas necesidades y conviven personas con ritmos de vida cambiantes y cada vez m\u00e1s exigentes. 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